22 diciembre, 2016

Erich Fromm y la psicología del nazismo

Miedo a la libertad (Erich Fromm), Sexta Parte

LA PSICOLOGIA DEL NAZISMO


Ante la situación general de crisis económica que estamos sufriendo no solo las clases populares, sino también las extensas clases medias, me ha parecido oportuno rescatar del libro de Erich Fromm, El miedo a la libertad, una parte (pequeño resumen)del capítulo VI, "La psicología del nazismo".
En estos momentos en que -por desgracia- en Europa asistimos a un aumento del fascismo y de partidos nazis, es necesario, a mi entender, conocer poco a poco los entresijos de la ideología y cómo fue surgiendo en Alemania.
Conociendo al enemigo, podremos luchar mejor contra él.


"En las discusiones científicas, aún más en las populares,  a menudo se suelen presentar dos opiniones opuestas: primero, que la psicología no ofrece ninguna explicación de un fenómeno de carácter económico y político como el fascismo; y segundo, que el fascismo constituye, sobre todo, un problema psicológico.

La primera opinión considera a la ideología nazi el resultado de un dinamismo exclusivamente económico o bien como un fenómeno esencialmente político; en suma, la victoria nazi es considerada como la consecuencia de un engaño por parte de una minoría, acompañado de coerción sobre la mayoría del pueblo.

El segundo punto de vista, por otra parte, sostiene que el nazismo puede ser explicado solamente en  términos psicológicos, o más bien, psicopatológicos. Se considera a Hitler como loco o como neurótico, y análogamente se piensa en sus adeptos como en individuos dementes o desequilibrados. De acuerdo con este tipo de explicación, tal como la expone Mumford, la verdadera fuente del fascismo ha de hallarse en el alma humana, y no en la economía.

Según nuestra opinión, ninguna de estas explicaciones debe considerarse correcta. El nazismo constituye un problema psicológico, pero los factores psicológicos mismos deben ser comprendidos como moldeados por causas socioeconómicas; el fascismo es un problema económico y político, pero su aceptación por parte de todo un pueblo ha de ser entendida sobre la base psicológica.

Al considerar la base psicológica del éxito del nazismo es menester formular desde el principio esta distinción: una parte de la población se inició en el régimen nazi sin presentar mucha resistencia, pero también sin transformarse en admiradora de la ideología y la práctica política nazi. En cambio, otra parte del pueblo se sintió hondamente atraída por esta nueva ideología, vinculándose de una manera fanática a sus apóstoles. El primer grupo estaba constituido principalmente por la clase obrera y por la burguesía liberal y católica. A pesar de su  excelente organización -especialmente los obreros- estos grupos, aunque nunca dejaron de ser hostiles al nazismo desde sus comienzos hasta 1933, no dieron muestra de aquella resistencia íntima que hubiera podido esperarse teniendo en cuenta sus condiciones políticas. Su voluntad de resistencia se derrumbó rápidamente y desde entonces causaron muy pocas dificultades al nazismo (con la excepción, por supuesto, de la pequeña minoría que combatió contra la tiranía durante todos estos años). Desde el punto de vista psicológico, esta disposición a someterse al nuevo régimen parece motivada principalmente por un estado de cansancio y resignación íntimos, que constituye una característica peculiar del individuo de la era presente, característica que puede hallarse hasta en los países democráticos. en Alemanis, además, existía otra condición que afectaba a la clase obrera: las derrotas que ésta había sufrido después de sus primeras victorias durante la revolución de 1918. El proletariado había entrado en el período posbélico con la fuerte esperanza de poder realizar el socialismo o, por lo menos, de lograr un decisivo avance en su posición política, económica y social. A principios de 1930 los frutos de sus victorias iniciales se habían perdido casi por completo, y como consecuencia de ello cayó presa de un hondo sentimiento de resignación, de desconfianza en sus "líderes" y de duda hacerca de la utilidad de cualquier tipo de organización o actividad política.

En contraste con la actitud negativa o resignada asumida por la clase obrera y la burguesía liberal y católica, las capas inferiores de la clase media, compuesta de pequeños comerciantes,artesanos y empleados, acogieron con gran entusiasmo la ideología nazi.
En estos grupos, los individuos pertenecientes a las generaciones más viejas constituyeron la base de masa más pasiva; sus hijos, en cambio, tomaron una parte activa en la lucha. La ideología nazi -con su espíritu de obediencia ciega al "lider" su odio a las minorías raciales y políticas, sus apetitos de conquista y dominación y su exaltación del pueblo alemán y de la "raza nórdica"- ejerció en estos jóvenes una atracción emocional poderosa, los ganó para la causa nazi y los transformó en luchadores y creyentes apasionados. La respuesta a la pregunta referente a los motivos de la profunda influencia ejercida por la ideología nazi ha de buscarse en la estructura del carácter social de la baja clase media. Éste era marcadamente distinto del de la clase obrera, de las capas superiores de la burguesía y de la noblea anterior a 1914. En realidad hay ciertos rasgos que pueden considerarse característicos de esa clase a lo largo de toda su historia: su amor al fuerte, su odio al débil, su mezquindad, su hostilidad, su avaricia, no solo con respecto al dinero, sino también a los sentimientos, y, sobre todo, su ascetismo. Su concepción de la vida era estrecha, sospechaban del extranjero y lo odiaban.

La decadencia de los viejos símbolos sociales de la autoridad,  como el Estado y la monarquía, afectó la función de las autoridades individuales representadas por sus padres. Si daban muestras de debilidad aquellos poderes que sus padres les habían enseñado a respetar, entonces también éstos carecían de prestigio y autoridad. Por eso los jóvenes se consideraban superiores a los ancianos y ya no lograban tomar en serio sus enseñanzas. Por último, la decadencia económica de la clase media privó a los padres de su función de sostén material del futuro económico de los hijos.

De este modo la vieja generación de la baja clase media se fue haciendo más y más amargada y resentida; pero, mientras los ancianos permanecían pasivos, los jóvenes se veían impulsados hacia la acción. Su posición económica se veía agravada por el hecho de haber perdido la base de una existencia económicamente independiente, tal como la habían disfrutado sus padres; el mercado de las profesiones liberales estaba saturado y solo existían leves probabilidades de ganarse el sustento como médico o abogado. Aquellos que habían luchado en la guerra se sentían acreedores a un trato mejor del que en realidad se les brindaba.

Esta creciente frustración social  condujo a una forma de proyección que llegó a constituir un factor importante en el origen del nacionalsocialismo: en vez de darse cuenta de que su destino económico y social no era más que el de su propia clase, la vieja clase media, sus miembros, lo identificaron conscientemente con el de nación.

Hitler resultó un instrumento tan eficiente porque combinaba las características del pequeño burgués, resentido y lleno de odios -con el que podía identificarse emocional y socialmente la baja clase media-, con las del oportunista, dispuesto a servir los intereses de los grandes industriales y de los junkers. Al principio representó el papel de Mesías de la vieja clae media, promentiendo la destrucción de los grandes almacenes con sucursales, de la dominación del capital bancario y otras cosas semejantes. La historia que siguió es conocida por todos: estas promesas no fueron nunca cumplidad. Sin embargo, eso no tuvo mucha importancia. El nazismo no poseyó nunca principios políticos o económicos genuinos. Es menester darse cuenta de que en su oportunismo radical reside el principio mismo del nazismo. Lo que importaba era que centenares de pequeño-burgueses que en tiempos normales hubieran tenido muy pocas probabilidades de ganar dinero o poder, obtenían ahora, como miembros de la burocracia nazi, una considerable tajada del poder y prestigio que las clases superiores se vieron obligadas a compartir con ellos.

Los que no llegaron a ser miembros e la organización partidaria nazi, obtuvieron los empleos quitados a los judíos y a los enemigos políticos; y en cuanto al resto, si bien no consiguió más "pan", por cierto logró más "circo". La satisfacción emocional derivada de estos espectáculos sádicos y de una ideología que le otorgaba un sentimiento de superioridad sobre todo el resto de la humanidad, era suficiente para compensar el hecho de que sus vidas hubiesen sido cultural y económicamente empobrecidas".


Última edición por feuerbach el 17th Noviembre 2013, 12:37, editado 5 veces
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Miedo a la libertad (Erich Fromm), Sexta Parte

LA PSICOLOGIA DEL NAZISMO


El fascismo es explicado a menudo desde dos posiciones opuestas: por un lado se dice que la Psicología no ofrece ninguna explicación de un fenómeno de carácter económico y político como el fascismo; y por otro lado, que el fascismo constituye, sobre todo, un problema psicológico.

Según la opinión de este libro, hay que unir ambas explicaciones: el nazismo constituye un problema psicológico, pero los problemas psicológicos deben ser comprendidos como moldeados por causas socioeconomicas; el fascismo es un problema económico y político, pero su aceptacion por parte de todo un pueblo ha de ser entendida sobre una base psicológica.

Al considerar la base psicológica del éxito del nazismo hay que hacer una distinción: una parte de la población se inició en el régimen nazi sin presentar mucha resistencia, pero también sin transformarse en admiradora de la ideología y la práctica política nazis. En cambio, otra parte del pueblo se sintió hondamente atraída por esta nueva ideología. El primer grupo estaba constituido principalmente por la clase obrera y por la burguesía liberal y católica.
Desde el punto de vista psicológico, esta disposición a someterse al nuevo régimen parece motivada principalmente por un estado de cansancio y resignación íntimos que constituye una característica peculiar del individuo de la era presente, característica que puede hallarse hasta en los países democráticos.

Después que Hitler llego al poder, surgió otro incentivo para el mantenimiento de la lealtad de la mayoría de la población al régimen nazi. Para millones de personas el gobierno de Hitler se identifico con Alemania. Desde el momento en que fueron abolidos todos los demás partidos políticos y el partido nazi llegó a ser Alemania, la oposición al nazismo no significaba otra cosa que oposición a la patria misma. Parece que no existe nada más difícil para el hombre común que soportar el sentimiento de hallarse excluido de algún grupo social mayor. Por más que el ciudadano alemán fuera contrario a los principios nazis, ante la alternativa de quedarse aislado o mantener su sentimiento de pertenencia a Alemania, la mayoría eligió esto último. Todo ataque a Alemania como tal, toda propaganda difamatoria referente a los alemanes, tan sólo sirven para aumentar la lealtad de aquellos que no se hallan completamente identificados con el sistema nazi.

En contraste con la actitud negativa o resignada asumida por la clase obrera y la burguesía liberal y católica, las capas inferiores de la clase media, compuesta de pequeños comerciantes, artesanos y empleados, acogieron con gran entusiasmo la ideología nazi. En estos grupos, los individuos pertenecientes a las generaciones más viejas constituyeron la base de masa más pasiva; los hijos, en cambio, tomaron una parte activa en la lucha. Es así que los motivos de la profunda influencia ejercida por la ideología nazi han de buscarse en la estructura del carácter social de la baja clase media. De hecho, hay rasgos característicos de esta clase a lo largo de toda la historia: su amor al fuerte, su odio al debil, su mezquindad, su hostilidad, su avaricia,...Su concepción de la vida era estrecha, sospechaban del extranjero y lo odiaban, racionalizando su sentimiento bajo la forma de indignacion moral: toda su vida estaba fundada en el principio de la escasez, tanto desde el punto de vista económico como del psicológico.
Aunque el carácter social de esta clase ha sido siempre así, los acontecimientos posbélicos los intensificaron. En el periodo de la posguerra no solamente se produjo una decadencia más rápida de la situación económica, sino que también su prestigio social sufrió una declinación análoga. Antes de la guerra, esa clase podía sentirse en una posición superior a la del obrero. Después de la revolución, en cambio, el prestigio social del proletariado creció de manera considerable y, en consecuencia, el de la baja clase media disminuyó correlativamente, por lo que ya no había nadie a quien despreciar. Además el último baluarte de la seguridad de la clase media, la familia, también se había quebrado. De este modo, la vieja generación de la baja clase media se fue haciendo más y más amargada y resentida; pero mientras los ancianos permanecían pasivos, los jóvenes se veían impulsados hacia la acción.

Estas condiciones psicológicas no constituyeron la causa del nazismo, pero sí representaron su base humana, sin la cual no hubiera podido desarrollarse. Por eso un análisis de todo el fenómeno del surgimiento y la victoria del nazismo debería considerar tanto las condiciones estrictamente políticas y económicas como las psicológicas.

El amor al poderosos y el odio al débil, tan típicos del carácter sadomasoquista, explica gran parte de la acción política de Hitler y sus adeptos. También existe un aspecto masoquista al lado del sádico: existe el deseo de someterse a un poder de fuerza abrumadora, de aniquilar su propio yo, del mismo modo que existe el deseo de ejercer poder sobre personas que carecen de él. La naturaleza es el gran poder al que debemos someternos y es, en cambio, sobre los seres vivientes que debemos ejercer nuestro dominio.

La función de una ideología y practicas autoritarias puede compararse a la función de los síntomas neuróticos. Éstos resultan de condiciones psicológicas insoportables, y al mismo tiempo ofrecen una solución que hace posible la vida. A pesar de ello no constituyen una solución capaz de conducir a la felicidad o a la expansión de la personalidad. La soledad e impotencia del individuo, su búsqueda para la realización de las potencialidades que ha desarrollado, el hecho objetivo de la creciente capacidad productiva de la industria moderna, todos estos elementos son factores dinámicos que forman la base de una creciente búsqueda de libertad y felicidad. Refugiarse en la simbiosis puede aliviar durante un tiempo los sufrimientos, pero no los elimina. La historia de la humanidad no solo es un proceso de individuación creciente, sino también de creciente libertad. El anhelo de libertad no es una fuerza metafísica y no puede ser explicado en virtud del derecho natural; representa, por el contrario, la consecuencia necesaria del proceso de individuación y del crecimiento de la cultura. Los sistemas autoritarios no pueden suprimir las condiciones básicas que originan el anhelo de libertad, ni tampoco pueden destruir la búsqueda de libertad que surge de esas mismas condiciones.

http://www.psicopsi.com/Miedo-a-la-libertad-Erich-Fromm-V

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